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José Quispe_Eran.

  Eran  Felipe, Ernesto y Lucia, . Lucia tenía el pelo negro y lacio, y lo terminaría tenieendo ensangrentado. Entraban a la Guinda club, esperaron y era de noche. Una suave brisa de aire frío revolvía el pelo de los chicos. “No sabes cuánto temo morir”, dijo Ernesto” ‘¿Qué te pasá le dijo Lucia” “ Es que te amo “ “ Estas loco” Sus suaves labios rojo se contorsionaron en una mueca de burla. “ Por favor avancen, dijo un chico con casaca roja y negra que hacía de guardía… Era muy difícil notar algún cambio. Me entraron todo eran luces moradas y negras. Hubo silencio.Los organizadores habían llegado tard y varios chicos estaba sentado en asientos de cuero a mano derecha en una elevación. “ Es una porquería, dijo Lucía””¿Qué tienes, dijo Felipe””Está bien”” ¿Que está bien, dijo Lucía”” Si, dijo Ernesto”” Tú Callate.Ernesto. Se cayó, El pelo de Lucía caíasuelto en su espalda. Apareció Ruth y le dio un beos en la mejilla a Lucía “ Hola, Ruth”. Hola Lucíana. Ruth se inclinó y le prop...

José Quispe_Alguien.

 Una maña me desperté temprano Una mañana fui al colegio. Y recordé que gobernaba alguien.

José Quispe_Letreros apagados.

  Letreros apagados en la Rue-Saint Jean. Se olía  el olor a pescado podrido. Y se escuchaba a la verdulera gritando sus ofertas. Pierre estaba asustado por la revolución. La revolución en popa, decían unos borrachos en la esquina de piedra . La Revolución en popa decía su madre. Estaban calurosos los tres calurosos El y sus amigos. Olían a Podredumbre Lorenzo. Emilio Enrique. Estaban en París Con las moscas del verano Con los tinteros que orina el perro y desprecia el villano. Allí Emilio, allí furia del cielo Dice el, Lorenzo. Señalando que cielo. Viva la libertad, viva la revolución, escucha. Se hace de tarde de rato en rato de vino barato y un plato de gachas podridas. Hay hambruna "Tu cintura de arena sin sosiego "dijo poeta  en cantina a su amante, que no tiene fuerzas para darle amor Es Robespierre, grita  Enriquez eufórico. -Es Robespierre, gritan los tres. Robespierre, parado sobre la Bastilla. -Liberte hermano. Mata al guardia, abriendo ...

J. Daniel Nicolini_La caída de occidente.

 En la ciudad de mármol, bajo el cielo azul eterno, Constantinopla brillaba, con su esplendor de invierno. Cúpulas doradas y mosaicos resplandecientes, Susurros de gloria en los oídos de la gente. Durante siglos reinó, invicta en su trono, El Imperio Bizantino, con su escudo de oro. Sus murallas altas, como gigantes de piedra, Desafiaban al tiempo, con su fuerza sin tregua. Pero en el horizonte, una sombra se alzaba, El fin se acercaba, su destino llamaba. La caída de occidente. Desde el lejano oriente, los otomanos vinieron, Con espadas y cañones, la caída pretendieron. La ciudad se preparaba, con valentía y temor, Cada calle y plaza, un reflejo del dolor. El emperador Constantino, con mirada serena, Defendía su tierra, con una fe plena. Las torres resonaban con el clamor de la lucha, Los soldados resistían, aunque el alma se encucha. Las puertas se cerraban, en un último intento, De detener la marea, de un destino violento. El Bosque de Teodosio, firme y majestuoso, Testigo silen...

José Quispe_El lloro del verdugo.

 En una montaña llora un poeta, un monje que escondió la verdad Benedictina. Caramba, por qué llora, si en riachuelo hubo verdad de ahorcado. Y un verdugo que sonrió, triste. Diciendo verdad.

J. Daniel Nicoli_Elara.

"En una cabaña de madera enclavada en lo alto de las montañas, donde las nubes parecían danzar con la brisa y el cielo se fundía en un lienzo de colores al atardecer, vivía una mujer llamada Elara. A sus ochenta años, su rostro estaba surcado por arrugas que contaban historias de aventuras vividas en tierras lejanas, mares tempestuosos y cielos sin fin.  Elara había sido una viajera incansable, una exploradora de mundos desconocidos y una buscadora de secretos antiguos. Había navegado los mares con piratas, atravesado desiertos con nómadas y escalado montañas con monjes. Había encontrado tesoros escondidos y desentrañado misterios que pocos se atrevían a buscar. Pero ahora, tras décadas de aventuras, había decidido que era el momento de descansar. Su cabaña era un refugio de paz, rodeada de pinos y flores silvestres, con un riachuelo que cantaba suavemente a través de las rocas. Cada rincón de su hogar estaba lleno de recuerdos: mapas desgastados, armas oxidadas, libros antiguos y...

J. Daniel Nicolini_Passento.

Passento. En el eterno fluir del tiempo,   donde el ayer se funde con el ahora,   la vida danza al compás del viento,   y el reloj marca cada aurora. Las hojas caen, el sol declina,   los recuerdos se tornan susurros,   en el lienzo del alma, la rutina   teje historias, sueños y augurios. Caminamos sobre sendas de arena,   mientras el reloj de arena se desgasta,   en cada instante, una vida se amena,   y el tiempo, impasible, todo arrastra. Oh, fugaz viajero de la eternidad,   tú que transformas todo cuanto ves,   en tus manos se teje la realidad,   y en tu mirar reposa el después. Que el paso del tiempo, como un río,   nos enseñe a vivir con intensidad,   que en cada latido, en cada desafío,   hallemos la esencia de nuestra verdad.